t h e d r i f t e r

Diciembre 4, 2009

Con muchísimas ganas de verla y perdiendo la oportunidad de verla en el Surf Fil Festival de Santander hace un par de semanas, de este mismo finde no pasa.

La historia, como su propio nombre indica ( hombre que va dando tumbos, en inglés), es un famoso surfer, probablemente uno de los mejores de la historia, Rob Machado, que se aleja de todo durante un espacio de tiempo y se dirige rumbo al sudeste asiático (concretamente Indonesia) y allí se encuentra consigo mismo y dedica tiempo a reflexionar y hacer surf de forma tranquila y sosegada, sin las cámaras delante, sin puntuaciones, sin campeonatos, sin rivales.

Evidentemente, y como no podía ser de otra manera, la fotografía que acompaña esta película – documental es asombrosa, y como muestra, un botón.

Diciembre 3, 2009

Nos reímos. Y seguimos riéndonos así. Hablando sin saber muy bien de qué ni por qué. Después decidimos colgar, prometiendo que nos llamaremos mañana. Es una promesa inútil: lo hubiéramos hecho de todos modos. Cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estas enamorado, lo que, en realidad, es un poco lo mismo…

Tengo ganas de ti – Federico Moccia

Octubre 17, 2009

Cojo el ascensor y bajo al garaje. Debajo de
una tela gris, al fondo, veo asomar una rueda. La reconozco. Ligeramente consumida pero aún viva, un poco de polvo y muchos kilómetros recorridos. Con un movimiento propio de un torero, aparto la tela. Ahí está, la Honda Custom VF-750 azul metalizada.
Acaricio el depósito. Mi mano dibuja una ligera señal en el polvo que duerme sobre ese azul. Después levanto el asiento, uno los cables de la batería y lo vuelvo a cerrar.
Me subo encima. Saco la llave de la chaqueta y la meto debajo, cerca del motor. El llavero cuelga con suavidad, oscila, rebota, tocando de vez en cuando el frío motor.
Más arriba, una luz débil tiñe de verde y rojo el dispositivo de encendido. La batería está descargada. Lo intento con el pedal, pero será imposible arrancarla. Aprieto el pulsador rojo con la mano derecha. Vanas esperanzas ahora confirmadas: nada que hacer. Tengo que empujar. Salgo del garaje con la moto inclinada, apoyada en el cuerpo, a mi derecha, contra las piernas. Los cuádriceps se hinchan. Uno tras otro, pasos ágiles, cada vez más veloces. El latido de los pasos se alterna con el ruido de la gravilla, uno, dos, tres, cada vez más rápido. Salgo del patio y la empujo por la calle, ahora más de prisa. Algunos pasos más. Ya está puesta la segunda. Mantengo con la izquierda el embrague. Ha llegado el momento. Suelto el embrague y la moto frena casi de golpe, pero yo sigo empujando y la máquina barbota. Le doy al embrague y lo suelto otra vez. Y ella tose. Ahora un poco más, con fuerza. Estoy sudando. Un último empujón, lo noto. Y de hecho, se enciende de golpe. Da un salto hacia adelante. Embrago y doy gas con la derecha. El motor cobra vida y ruge en la noche, debajo de las casas, en la calle vacía. Más gas. Sale humo viejo de los tubos de escape, grandes nubes que tosen a causa del pasado, del largo reposo. Más gas. Monto y enciendo las luces. Después suelto el embrague y avanzo en el viento nocturno. Sudado, rae seco corriendo veloz por la Farnesina. Paso debajo del puente. Tomo la curva cambiando de marcha doblado, sin frenar. Reduzco un poco el gas para volver a darlo a media curva y la moto colea.Acelero de nuevo y, como un perro obediente, ella corre conmigo encima, hacia el puente Milvio, después la iglesia, el Pallotta, las mil pizzas comidas allí, el Gianfornaio a la izquierda y algún florista cercano. Cuántas flores enviadas desde ese florista, el que hace más descuento de todos. Tantas flores, siempre distintas, siempre para la misma chica. No lo pienso, no quiero pensar en eso. Pistola, el vendedor de sandías, está allí fuera, probando un móvil. Dos bocinazos y me mira. Lo saludo pero no me reconoce. Iré a verlo más tarde para recordarle quién soy. No me importa, doy gas y me pierdo en la noche. Joder… Qué bonita es Roma. Te he echado de menos.
Acelero y bajo por la orilla del Tíbet. Driblo los coches. Derecha, izquierda… Finalmente aminoro al tiempo que me acerco a la acera. Rozo los pinos del Foro Itálico. Alguna que otra prostituta está cogiendo sitio junto a su fuego aún apagado. Piernas gruesas ruedan frenadas sólo por alguna caña de bota demasiado estrecha. Una, falsa o auténtica culta, lee un periódico y se ríe con una boca descoyuntada por cualquier idiotez encontrada entre sus páginas. Quizá sea una noticia triste y no la ha entendido. Otra ya está sentada en una pequeña silla plegable, tiene un crucigrama en la mano y, con un bolígrafo, lo rellena veloz. O escribe al azar o realmente sabe las respuestas. Doy otra vez gas y, al mismo tiempo, cambio de marcha. Quinta, cuarta, tercera, curva cerrada a la derecha. Freno un poco más allá, delante del Cineporto, un cine al aire libre. Pongo el caballete y bajo de la moto. Grupos de chicas se ríen divertidas fumando un cigarrillo sin que las vea ningún padre iluso. Una rubia con el pelo corto y el maquillaje demasiado abundante me mira y le da un codazo a su amiga. Morena, ojos de avellana, el pelo en casquete, sentada con las piernas cruzadas sobre una SH-50 gris petróleo, esta última me mira turbada y se queda con la boca abierta. Me toco el pelo corto en la nuca. Estoy moreno, delgado, sonrío y me siento bien. Estoy tranquilo. Me apetece una cerveza fría y ver una película. Para ser sincero, tengo ganas
de otra cosa, pero sé que no puedo tenerla.

TENGO GANAS DE TI – FEDERICO MOCCIA

Septiembre 7, 2009

alguien que cuando me ponga borracha me lleve a casa en brazos, que me rompa las medias con la boca y luego me compre otras, que me haga el amor contra la pared y se meta conmigo en la bañera, que se pierda a mi lado para después rescatarme de laberintos sin sentido, que saque la espada y me defienda de víboras, pirañas y putas.

alguien que cosa disfraces a mis días malos y los convierta en buenos, que no se enfade si no me entiende, ni me entiendo y lo mareo, que me saque la lengua cuando me ponga tonta y me haga enmudecer, que no dé por hecho que siempre voy a estar ahí pero que tampoco lo dude, que no me haga sufrir porque sí pero que no me venda amor eterno manoseado ni me lo ponga fácil.

alguien que no pueda caminar conmigo por la calle sin cogerme de la mano, que no me compre con regalos pero que tenga mil detalles de papel, que no le guste verme llorar y que me haga reir hasta cuando no tengas ganas, que de vez en cuando decida perseguirme por los bares y conocerme otra vez, que me mire, lo mire y me tiemblen las piernas sin remedio…

alguien que esté loco por mí, y no se olvide de decírmelo los días de resaca, que si se pone animal sea sólo en la cama y me mate a besos por la mañana, que no se acostumbre a mí y deje de inventar nombres nuevos al despertarme, que si mira  a otra, luego me guiñe un ojo y se ría de mis celos de niña tonta.

y sobretodo, que no tenga que perderme para darse cuenta de que me ha encontrado

Junio 11, 2009

Era como si alguien me hubiera partido el corazón por la mitad.

Hasta mi polla estaba de acuerdo. Y eso no era propio de ella. Por regla general (exceptuando el episodio de Ella Trent), tanto si llueve como si luce el sol, la constitución de mi polla es inexpugnable. No la creía capaz de defraudarme de aquella manera. Sin embargo, allí estaba, hundida entre mis piernas como una criatura en estado de hibernación. Si hubiera podido hablar, sospecho que nuestra conversación se habría desarrollado más o menos de la manera siguiente:


Jack: Qué te pasa?

Polla: No me pasa nada. Ahí está lo malo.

Jack: Lo malo?

Polla: Exctamente.

Jack: Te sientes con ánimos para hablar de ello?

Polla: Yo no me siento con ánimos para hablar de nada. Sólo me siento entumecida.

Jack: Supongo que estás hablando de Amy, no?

Polla: Bueno, no querrás que esté hablando de McCullen, verdad? Sólo faltaría que lo hiciera después de la birria de mamada que me hizo.

Jack: Ni siquiera la recuerdo. Tan mala fue?

Polla: Digámoslo así, Jack: como mamada fue una mierda…y me quedo muy corta. Allí estaba yo preparándome psíquicamente para una polución nocturna sensacional. Tenía todas las características de un clásico. Tú y yo en medio de aquella sauna, rodeados de vapor por todas partes, y entra Amy vestida con su uniforme de colegiala…

Jack: Su uniforme de colegiala? Ni siquiera sé cómo es su uniforme de colegiala.

Polla: Es una licencia literaria, Jack. Dame una oportunidad.

Jack: Comprendo. Qué ocurrió a continuación?

Polla: Aparece la maldita McCullen. Entra con paso decidido y, sin pedir permiso siquiera, aparta a Amy y asume todo el protagonismo.

Jack: No suena tan malo. Como fantasía, quiero decir.

Polla: Ya, bien se ve todo lo que sabes. Créeme, Jack, soy una profesional, y no tiene demasiada gracia conducir un Mini cuando estás acostumbrado a un Rolls-Royce. Pero a pesar de todo me las arreglé bastante bien. Bueno, me dije, procuremos sacar de lo malo lo mejor. Pero ni hablar, tú tampoco estabas dispuesto a eso. No estabas preparado para que yo hiciera el primo con la chica equivovocada. Tú querías otra cosa mejor. Justo cuando la situación estaba empezando a mejorar un poco, te retiraste. ¡Te retiraste, Jack! Y eso es  resimplemente repugnante. Eso es propio de… un aficionado.

Jack: Lo siento,. Polla. No permitiré que vuelva a ocurrir. Podemos ser simplemente buenos amigos como en los viejos tiempos?

Polla: Los viejos tiempos. Ah, sí, ya los recuerdo. Tú, yo, el frasco de aceite infantil y un ejemplar del Hustler. Sin olvidar, naturalmente, las ocasionales aventuras de una noche con que me solías obsequiar. Una rápida zambullida en un paraíso en tres dimensiones, que a la mañana siguiente me era abarratado una vez más. Unos días efectivamente sensacionales. Pero aún así, perdóname que no empiece a brincar arriba y abajo ante semejante perspectiva.

Jack: Ya te he dicho que lo siento.

Polla: Lo sé, lo sé. Lo que ocurre es que la echo de menos, Jack. Encajaba muy bien, sabes? Notaba que era apropiada.


Por una vez en mi vida tuve que reconocer que mi polla me había ganado la partida.

FINALMENTE JUNTOS

Mayo 28, 2009

Bienvenido. Y felicidades. Estoy encantado de que pudieses conseguirlo. Llegar hasta aquí no fue fácil. Lo sé. Y hasta sospecho que fue algo más difícil de lo que tú crees.

En primer lugar, para que estés ahora aquí, tuvieron que agruparse de algún modo, de una forma compleja y extrañamente servicial, billones de átomos errantes. Es una disposición tan especializada y tan particular que nunca se ha intentado antes y que sólo existirá esta vez. Durante los próximos muchos años -tenemos esa esperanza-, estas pequeñas partículas participarán sin queja en todos los miles de millones de habilidosas tareas necesarias para mantenerte intacto y permitir que experimentes ese estado tan agradable, pero tan a menudo infravalorado, que se llama existencia.

Por qué se tomaron esta molestia los átomos es todo un enigma. Ser tú no es una experiencia gratificante a nivel atómico. pese a toda su devota atención, tus átomos no se preocupan en realidad por ti, de hecho ni siquiera saben que estás ahí. Ni siquiera saben que ellos estám ahí. Son, después de todo, partículas ciegas, que además no están vivas. (Resulta un tanto fascinante pensar que si tú mismo te fueses deshaciendo con unas pinzas, átomo a átomo, lo que producirías sería un montón de fino polvo atómico, nada del cual habría estado nunca vivo pero todo él habría sido en otro tiempo tú.) Sin embargo, por la razón que sea, durante el periodo de tu existencia, tus átomos responderán a un único impulso riguroso: que tú sigas siendo tú.

UNA BREVE HISTORIA DE CASI TODO – BILL BRYSON

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b r a z i l

Mayo 13, 2009

h e i d i k l u m

Abril 19, 2009

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Marzo 30, 2009

Sonó el despertador. No sé por qué supuse que eran las 7.30. Estaba en la cama, en calzoncillos y debí haberlo pasado muy bien esa noche puesto que estaban empapados. Me levanto. Me preparo café, no sin antes darme una buena ducha. Me enfundo el mono que tras la fiesta de anoche se encuentra debajo de botellas de whiskey, papel de fumar y papel higiénico (confirmamos que esa noche la pasé solo, o al menos la última parte)

Son las 8 en punto. Bajo al meeting point donde he quedado con el resto. Soy el primero en aparecer. Tras unos minutos en los que me siento a intentar recordar la noche anterior y pido un gelocatil a la camarera, que por cierto tiene un precioso culito, empiezan a bajar el resto. Por sus rostros la noche la han debido pasar parecida a la mía, al menos a la cantidad de alcohol ingerida ya que sus rostros están completamente desencajados.

El primero en llegar es el R.E.P.S. que no puede ni tan siquiera articular palabra. Se sienta a mi lado sin decir nada, no hace falta, con esa mirada me lo dice todo. La noche debió de ser muy destroyer. Tras él aparece GONCHI, el muy cabrón llega silbando y fresco como una lechuga. Me parece que éste ha dormido como un bebé. De hecho, de lo fresco que está, jode, ya que empieza con los clásicos…”¿qué, mucha resaca? Bueno, ya estamos todos. Dejamos las llaves de las habitaciones, cogemos el coche y nos vamos a las pistas.

Aún no he contado qué hacemos aquí tres colgados y cómo surgió la idea de hacer este viaje. Pues bien, el sábado pasado, o sea, antes de ayer, salimos a dar una vuelta los tres, tomar algo, conocer alguna lumi, tomarla el pelo, intentar acostarnos con alguna otra y pa´casa. Bueno, pues en una ronda de chupitos invitados por la camarera del santa fé (Dios bendiga ese cuerpo!!!) alguno de los tres, no recuerdo quién dijo: “ y si vamos a esquiar mañana? Road trip!!!!” y claro en ese momento dices que sí a eso y también a tirarte sin paracaídas si te lo proponen. Lo que ocurre que a la mañana siguiente con mi gran resaca oigo una gran pitada abajo además de tener unas 12 llamadas perdidas a mi móvil, así que me asomo a la ventana de muy mala ostia y veo al gonchi con el portaesquís y su furgo preparada para viajar donde la manden. Así que, tras cagarme en toda su familia cojo mis bártulos (gafas, guantes, mono, skis, botas,….mierda!!! las gafas de ventisca, casi las olvido. Y todas las cosas necesarias para un viaje a esquiar….)

La misma operación con el reps sólo que no sólo se acordó de nuestra familia él, sino toda la comunidad de vecinos, pero bueno, tras una larga espera nos pusimos rumbo a….ni idea!!

Primera parada a desayunar en un área de servicio de la s-40. aquí hacemos un brainstorming para decidir dónde ir. Sacamos el portátil y miramos cómo andan de nieve en todas las pistas de Europa, tras un largo divagar y dos cafés entre pecho y espalda, decidimos irnos a Avoriaz, una enorme estación al norte de Suiza que nos garantiza según los pronósticos nieve virgen en casi su totalidad de superficie esquiable. Además, claro está, de un fiestón del copón, así que sin más dilación nos ponemos rumbo a Suiza.

El viaje transcurre tranquilo, sin mucho tráfico y cada tres horas nos turnamos para conducir, el resto mientras duermen como marmotas. Hacemos unas cuantas paradas para despejarnos y comer algo y alrededor de las once de la noche llegamos al hotel en el que durante el trayecto habíamos reservado tres lujosísimas habitaciones.

Lo primero que hicimos nada más llegar fue una buena ducha y lo segundo ir a cenar al restaurante del hotel. Para mi sorpresa había una pequeña fiesta montada en el lobby del hotel con motivo del campeonato de saltos de ski que se celebraba allí esa misma semana. Nos sentamos a cenar en una pequeña mesa alejada del tumulto y tras decidir lo que queremos tomar aparece una preciosidad de chica de rasgos escandinavos a invitarnos tras la cena a una fiesta privada en la última planta del hotel. Supusimos que si tan rápido nos invitaban era porque debía estar lleno de viejales y querrían que le diéramos un toque juvenil a aquel guateque. Por supuesto, aceptamos con mucho gusto la invitación. Por la historia.

Subimos a la planta 85, un precioso ático con vistas a las pistas


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